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Kinder Videla Mengele: Una voz ‘Torcida’ que no calla

Por ElMomia Distorsionado

Fotos por Christian Walther  y KVM

Después de un par de años alejados de los escenarios, Kinder Videla Mengele volvió a tocar en vivo. Cerraron el segundo y último día del Revolución Punk Core el pasado fin de semana en el espacio cultural Julio Le Parc. La legendaria banda de punk menduca, la rompió en el cierre de un festival  por el que pasaron siete bandas locales.

El primer día de vuelo

El viaje comenzó el día viernes 2 de mayo. La primera fecha tuvo como protagonistas a las bandas: Peor es Peor, All Hood y Sr. Presidente. Cuando llegué a la sala circular del Julio Le Parc a las 21:30 horas,  Peor es Peor estaba tocando la segunda canción. Al principio no había mucha gente, unas cuarenta personas hacían el aguante desde las gradas y otro par muy cerca de la banda bailaba. Como es costumbre, Peor, ofreció un show apretado, punkrockero y para no quedarse sentado. Y si bien el público llegaba de a poco, los fan de Peor agitaron con gritos y cantos, sumándole color y onda a la noche. Charlando con la banda después de la presentación, me comentaron que no escucharon muy bien los retornos y que internamente los jodió un poquito. Este comentario fue repetido por otras bandas durante los días de show, pero lo positivo fue que la salida al público se escucho impecable.

Después de Peor es Peor llegó el momento de All Hood. Muchos esperaban esta presentación, ya que la banda tocaba por primera vez en vivo con Sebastian Pallazo (Figuración) al mando de la viola. Ya con un poco más de gente presente, la banda saltó al escenario. Con una pequeña intro un tanto blusera/distorsionada, largó el show. Mi primera impresión fue que la nueva guitarra le dio otra impronta de sonido a la banda: un sonido más rockero, pero con la misma intensidad y violencia de siempre. El show de All Hood es siempre un despliegue de energía hardcore, con los integrantes saltando, tirándose al piso, haciendo acoples, en fin… demostrando su verdadera  escencia en  en el escenario.

Cuando los acoples finales de All Hood dejaron de sonar en el éter, nos dieron la pauta de que se venía la última banda de la noche: Sr. Presidente. Con algunos miembros de la recordada banda mendocina Camisones, esta nueva formación presidencial detonó una bomba. El rock alternativo en su estado más puro, con la oscuridad de los sonidos de los noventa y la experiencia de los años. Canciones graves, potentes y extensas: un tanto jugadas para los tiempos de hoy en día. Sr. Presidente concluyó su recital jugando con las distorsiones, acoples y efectos de cara al amplificador: la mejor forma de cerrar la primera noche del Revolución Punk Core. Satisfecho con el despliegue de los músicos, después de saludar a la banda y a un par de  conocidos, me fui a casa. No quería llegar roto el último día.

Los Kinder nunca se fueron

Qué bueno que fui a casa, el cuerpo ya no me responde como antes y una noche de joda no me hubiese dejado resto para ver los Kinder. Después de dormir un poco, comer y disfrutar de una tarde lúdica, comencé a caminar hacía el toque en el Leparc. Me fui Tranquilo escuchando ‘Wistu’ (torcido o mal hecho en Quechua)
el primer y único disco de KVM de estudio. Llegar al lugar me tomaba media hora, pero en el camino me encontré con Juan Peralta, ex bajista de los Kinder, así que tomando un cognac para entrar en calor nos fuimos en su auto. Llegamos rápido, saludamos a unos amigos y otra vez me encaminé hacia la sala circular.

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La primera banda de la noche fue Piorrea, unos locos de San Martín que te pudren todo en un minuto. Cuando entré no me di cuenta, me colgué con la música que copaba los rincones, pero de a poco empecé a ver que habían muchas familias con bebes, niños y  adolescentes. Fue una alegría ver a las futuras generaciones llegando de la mano de sus padres.

Después de un muy buen set de Piorrea, llegaría la banda más convocante del festival: The Gronchos. Cada vez que pisan un escenario entregan todo: pasión, barrio, espontaneidad  y un sonido que en vivo te obliga a moverte. Ante unas cien personas, los Gronchos sonaron alegres y afilados, bailaron con los pibes y demostraron que no existen los escenarios, sólo la música y su gente.

Luego de los Gronchos subió Pánico es el Mensaje. Mucha gente se acercó hasta el Leparc para ver el regreso de Pánico después de un año y medio de no tocar en vivo. Antes del comienzo, los seguidores se sumaron a la espera y cuando sonó el primer acorde desataron un vendaval de cuerpos que agitó sin parar. Tuvieron un par de problemas con el sonido, sobre todo el bajo que iba y venía según los caprichos del cable. Pero respondieron con mucha potencia, un mensaje positivo y con la promesa de volver a destilar hardcore en vivo.

Punk se escribe con K de Kinder

Y finalmente llegó el turno de la emblemática banda Kinder Videla Mengele.
Minutos antes del comienzo, fui al backstage, bajé las escaleritas de la sala circular y lo vi a Mito (voz). Se había pintado el torso con la bandera Argentina, el cuello negro y la cabeza amarilla. Del lado del corazón tenía una imagen indígena. Respiraba profundo y caminaba: estaba concentrado en el show. Nos saludamos y de toque volví a la sala a esperarlos.

Ya con Punko Murillo en la bata, el Negro Guerra en guitarra y el debut de Rubén Riveros en el bajo, comenzaron a sonar los primeros acordes de un clásico: ‘Tira la piedra Juan’. Ese fue el comienzo de un espectáculo. Desde las sombras se vio salir a Mito. Tomó el micrófono y moviendo la cabeza al ritmo de la música entonó las primeras letras. El cantante se movía, gesticulaba y no sólo cantaba, era algo más. Su rostro se expresaba con fuerza, bronca, trasmitiendo la pasión con la que vivía cada estrofa… cada palabra.

La banda sonaba prolija, desafiante y muy fuerte. Y recordé que minutos antes del comienzo, el Negro Guerra, me dijo: ‘Hoy estreno un Fender que te va a volar la cabeza’. Y así fue. En la primera parte, tocaron entre otros: ‘Guardatti’, ‘Huayno punk’, ‘Policia creativo’ y ‘Konsumi’. Siguieron con temas como: ‘Mi religión’, ‘Aparato estado’, ‘Toxi poxi’, ‘Baños antinucleares’ y ‘Gloria y honor’. El ritmo de la bata no perdía un sólo compás, las cuerdas se escuchaban a la par y la voz líder seguía dando vida a las letras.

Se despidieron con dos temas: ‘Indio hermano’ (un homenaje a los Jaivas) y ‘Kabecitas negras’ un nuevo tema que sonó de forma instrumental. La pintura en el rostro de Mito entró en sus ojos y no pudo cantar la última. Hicieron un total de 16 canciones incluyendo una nueva composición.

Cuando finalizó el toque, sentí mucha alegría por haber estado presente. He visto bandas de punk nacionales e internacionales, pero creo que esta fue una de las mejores presentaciones punk que he visto en Mendoza en muchos años. Y ojo que no es para herir susceptibilidades, hay algunas bandas de punk muy buenas en Mendoza, pero el peso de esta banda en el escenario no es casual. Es una mezcla de actitud, buenas composiciones, huevos, responsabilidad musical en el escenario y mucha experiencia: quizás la imagen mas cruda que existe del punk local.

El balance de estos dos días fue más que positivo. Por primera vez el Leparc albergó un festival de punk y funcionó. La gente respondió de la mejor manera, no hubo disturbios, fue casi un encuentro familiar. Tal vez los empleados del Leparc encontraron un par más de botellas y cajas de vino de lo que acostumbran, pero eso fue todo. Inclusive después del cierre de los Kinder, en una pequeña charla con Maxi Uceda, encargado de la programación del espacio cultural, nos comentó que estuvo los dos días y que le había gustado mucho.

Lo que rompe las pelotas

Es imposible que todos les guste una banda, pero si tenés a unos de los precursores del punk argentino sonando en vivo después de mucho tiempo, no podés ignorarlo, al menos por curiosidad: el público que se fue, a mi parecer, hay algo que no entendió.
Pero… no me jodió tanto. Lo que si me rompió las pelotas fue que mientras estaba tocando KVM estuvieran sacando equipos. No habría drama si hubiera espacio, pero la batería estaba armada justo en la salida al escenario, es decir que había un espacio mínimo para que pasara una persona. Por ese lugar pasaron llevándose equipos, pasándolos a dos centímetros de la cara de Punko mientras tocaba. En una ocasión le tiraron un  micrófono sobre la batería y tuvo que acomodar el mic mientras tocaba. Un bajón la actitud. La próxima esperen 20 minutos muchachos. Y la otra cosa que no garpa es tirar el chivo de un recital en el MEDIO de la actuación de Kinder. Hubiesen  informado cuando estuvieron tocando o mínimo esperen al final del show… por respeto a los músicos simplemente.

Posted in Recomendado de la semana.

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